ChichaLimoná es un espacio gastronómico que no solo enamora… sino que te obliga a renovar votos

ChichaLimoná abría sus puertas hace tres años y enamoraba con un puro flechazo… Ahora, quiere que renueves tus votos de amor ofreciéndote algo diferente.

 

Escribir sobre gastronomía tienes sus más… y también sus menos. Sus más no hace falta explicarlos, porque cualquiera con dos dedos de frente (y un mínimo de paladar) sabrá que comer es un placer, y hacerlo de forma profesional pues ya es beyond placentero. Entre sus menos, permitid que os hable de algo que cada vez me preocupa más: el hecho de que, últimamente, me fustigo muchas veces a mi mismo con la certeza de que muchos de mis textos sobre restaurantes están embargados por el entusiasmo de la primera vez, del perder la virginidad con una propuesta nueva y refrescante.

Todos sabemos qué ocurre cuando te dejas llevar por el subidón de las primeras veces: que todo te parece perfecto, ideal, maravilloso, incomparable… Pero luego llegan las dudas o, en el caso del escritor gastronómico, el preguntarte “a ver, alma de cántaro, ¿realmente vas a volver alguna vez a este restaurante para ver si sigue pareciéndote todo tan fetén una vez se te haya pasado el efecto del primer orgasmo?“. Pienso esto a tenor del ChichaLimoná, esa mezcla de dos espacios separados pero conectados (la bodega Chicha y la panadería gourmet Limoná) de la que ya escribí en esta otra pieza ahora hace tres años y que, sin embargo, me obligó a renovar votos de amor hace un par de semanas.

Al fi y al cabo, hay una cosa que hay que reconocerle a ChichaLimoná: su sublime capacidad para convertir una comida en un evento en sí mismo que vaya más allá de la propia experiencia gastronómica. Que nadie me malinterprete: la comida de este espacio creado por Sara Reixach y Víctor Burgués sigue siendo su mejor baza tanto en el Chicha como en el Limoná… Pero si sus inicios ya dejaron claro que pretendía ofrecer algo más, esa experiencia bífida que te llevará hasta el número 80 de Passeig de Sant Joan, ahora, tres años después, demuestra una capacidad extrema para renovarse por dentro. Y por fuera. Y más allá.

Me explico: en las últimas semanas, he vuelto varias veces al ChichaLimoná, siempre en jueves, porque resulta que cada mes están dedicando los jueves a una temática que ponga del revés el espacio y añada un plus a la mera experiencia de llevarse algo de comer a la boca. En el mes de septiembre, por ejemplo, cada jueves ha explorado la extensa y sibarita carta de vinos de la que dispone el local (de la que puedes conocer más en el vídeo bajo estas líneas), de tal forma que la carta habitual del lugar se ha visto acompañada de la posibilidad de disfrutar de nuevos y desafiantes caldos mientras diferentes djs se marcaban sesiones ideales para un jueves por la noche. Es decir: queremos fiesta, pero estamos cenando, así que queremos fiesta no tanta fiesta como para acabar en el MOOG. Que nos conocemos.

Eso es lo que se ha podido disfrutar todos los jueves de septiembre (bueno, queda todavía uno, por si te apetece pasarte)… Lo interesante es que esta ha sido la excusa pluscuamperfecta para descubrir que en el ChichaLimoná están ocurriendo un montón de cosas interesantes de las que no tenía ni idea: hay brunch entre semana para los que se levantan tarde y no necesitan responder ante nadie, los sábados a partir de las 13:30h siempre se celebra un Vermood en el que combinar el vermut magistral del Chicha con el musicón de diferentes djs (y esta vez anda con cuidado, que todos sabemos que los vermuts del sábado los carga el diablo), hay un nuevo menú de grupos ideal para gozarlo con cuantos más amigos mejor… Y, rizando el rizo, los cócteles de autor de Carles Bonnin son el colofón ideal para cualquier velada.

Todo esto a sumar, obviamente, al hecho de que el vermú del ChichaLimoná sigue siendo una fantasía para el mediodía, que su brunch de fin de semana es capaz de devolver a la tierra al trasnochador más jaranero y que la carta de tapas sigue siendo tan deliciosa como para no dejarte otra salida que pasarte varias horas en el local comiendo sin parar. Pero, oye, si yo acabo de renovar mis votos de amor con el ChichaLimoná, piensa que para ti no va a ser ningún trauma eso de pasarte varias horas disfrutando con la mejor comida, la mejor bebida y todo un conjunto de actividades que harán que siempre tengas ganas de volver a este lugar. [Más información en la web de ChichaLimoná]

 

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