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El álbum de debut de los californianos Avi Buffalo, el homónimo Avi Buffalo (Sub Pop, 2010), fue uno de los más desconcertantes de 2010… en un sentido positivo del adjetivo. Para empezar, lo primero que se encontraba el oyente era la peculiarísima voz en falsete de su cantante y guitarrista Avi Zahner-Isenberg, confusa a la par que magnética; luego estaban los textos de sus temas, compuestos por el propio Avi, que diseccionaban cuestiones relacionadas con el amor y el sexo insertando metáforas tan psicotrópicas y surrealistas como los efectos que generaba su cobertura sonora -basta con recordar su pieza estrella, “What’s In It For?” (y su videoclip humedecido en ácido), para refrescar la memoria-; y, por último, aparecía la insolente juventud de una formación cuya habilidad para facturar un estreno de la talla de Avi Buffalo resultaba sorprendente. Todos estos mimbres mezclados y agitados hicieron de su ópera prima, que se balanceaba entre las coordenadas marcadas por Galaxie 500, The Morning Benders -de moda en aquella época- y The Shins, un mejunje de singular sabor que parecía elaborado por y para gente, directamente, rara.

Cuatro años después, cuando daba la sensación de que ya no volvería a dar señales de vida, el grupo de Long Beach ha regresado para continuar su insólito trip. Eso sí, algunas cosas han sucedido en el universo del todavía jovencísimo Zahner-Isenberg a lo largo del tiempo transcurrido: la ruptura sentimental con su antigua compañera, la teclista Rebecca Coleman; y la posterior renovación de la alineación de la banda, que confirmó que Avi Buffalo es, en esencia, el proyecto personal de Avi. Estos hechos, vinculados entre sí, han condicionado la construcción de At Best Cuckold (Sub Pop, 2014) hasta el punto de convertirlo en lo que se podría denominar ‘disco de transparencia total’, en el que su autor se desnuda a través de sus canciones para regurgitar sus reflexiones sobre avatares sentimentales y amorosos, la amistad, recuerdos que vuelven a ver la luz y otras tribulaciones vividas en una determinada etapa de su existencia.

Desde su título -que alude a un “cornudo” que podría ser el propio Zahner-Isenberg, quién sabe…- a su portada -con nuestro chaval tirado en pose taciturna-, se intuye por dónde van los tiros líricos del LP. Pero, como cabía esperar, Avi no los lanza en línea recta, sino en espirales que dan forma a estampas entre imposibles e impactantes en las que se combinan animales, elementos de la naturaleza y situaciones metafóricas algo desagradables que buscan la estimulación mental del receptor. Estos versos de poso lisérgico se ensartan en composiciones que, otra vez, oscilan entre la psicodelia dulcemente electrificada y el indie-rock canónico; aunque, al contrario que en “Avi Buffalo”, aquí se inclinan con mayor peso hacia el segundo estilo (así lo sugiere “So What”, single de presentación del LP), con la voz de Avi no tan aguda y sin la dialéctica vocal que establecía con su ex Rebecca y que tan bien le funcionaba.

Con todo, el viraje practicado por Avi Buffalo -que incluye un pequeño homenaje beatleliano: “She Is Seventeen”– no provocó que su identidad perdiera sus señas definitorias. De hecho, el grupo conserva intacta su pericia para moldear confitadas melodías que se derriten en los oídos con reminiscencias al sonido folk-rock-hippy del Laurel Canyon -lugar donde residió Avi– de los 60 y al soleado pop californiano (ágiles “Memories Of You” y “Found Blind”; más reposada “Won’t Be Around No More”). Y también mantiene la relación con sus orígenes acústicos, lo que le permite facturar piezas plácidas con las que abandonar los límites corporales y flotar en otra dimensión, aunque esta vez incidiendo en su cariz sensiblero y emocional (la breve y cósmica “Two Cherished Understandings”; “Overwhelmed With Pride”, adornada por unos sugerentes vientos). Si hubiera que elegir un corte que condensara todos estos ingredientes estilísticos, ese sería “Think It’s Gonna Happen Again”, uno de los más llamativos del lote que, a su adhesivo desarrollo, suma un subtexto alucinado y macabro que obliga, otra vez, a observar a Avi Zahner-Isenberg como un ser extraño que confecciona su música para una audiencia, directamente, rara. ¿Quién en la sala cree que pertenece a ella?

 

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