Uno de los grupos alternativos españoles más apreciados durante los últimos años, Charades, anunciaba a finales de 2010 un parón en su actividad por tiempo indefinido. Pero, ya se sabe: aunque el uso de una expresión temporal tan imprecisa sugiere la posibilidad del regreso, suele equivaler a cese total de movimientos, a final de trayecto. El de la banda formada por Isa, Coki, Guille, Toño y Antía se dio por acabado poco tiempo después de la publicación de “Revolución Solar” (BCore, 2010), un disco que, curiosamente, había supuesto un paso adelante en relación a su trabajo en común y a su identidad musical. Sin embargo, a pesar de que se hacía un silencio inevitable tras la disolución del quinteto, la energía creativa que desprendía ese álbum parecía querer quedarse suspendida en el aire, resistiéndose a desaparecer y esperando a que una mano sabia la recogiese para darle un nuevo aspecto, tal como señala la ley física: “la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma”. La persona que mejor trasladaría esa norma fundamental al plano musical debería salir de los propios Charades, de ahí que cuando se conoció que Isa, Isabel Fernández Reviriego, reiniciaría su marcha con el nombre de Aries, se certificaba que el espíritu de su antiguo conjunto se mantendría incorrupto bajo su tutela. Ahora bien, hay que tener en cuenta que Aries es un proyecto personal, con todo lo que ello supone: seguimiento de diferentes vías expresivas, utilización de recursos sonoros no manejados con anterioridad e inclinación hacia inéditas o renovadas referencias estilísticas.

Trasladada de Madrid a Vigo y en compañía de su hermana Virginia (que se ocupó de las baquetas y las percusiones) y de Santi Garcia (encargado del bajo y de la producción), Isa (que se convirtió en mujer orquesta al cantar y tocar guitarra, sintetizador y piano) no tardó demasiado en concretar la propuesta de su nueva figura artística en formato largo, este “La Magia Bruta” (BCore, 2012) que, desde el comienzo, juega con el oyente al incluir ‘bruta’ en el título de un repertorio que escapa, justamente, de las connotaciones que se derivan de ese adjetivo. Porque, en cuanto arranca “Los Dos”, Isa extiende la base mullida sobre la que reposará gran parte de su cancionero: voz delicada (tan característica en ella), melodía para relamerse de gusto e inclusión de los elementos mínimos para apoyarla (en este caso, guitarra española limpia, coro y, de fondo, ¿castañuelas?) Sobre esa estructura se van asentando (y encajando entre sí) “Lo que no Eliges” (uno de los highlights del LP, cuya letra admite varias interpretaciones en función de quien la escuche), la titular “Magia Bruta” (que desemboca en una fiesta flamenca primero inesperada y luego sorprendente), la instrumental y nocturna “Tierra Suave”, “Mi Canción (Ella y Yo)” (de aire norteño, su estribillo se refuerza con unos esqueléticos arreglos electrónicos) y “Balada a J.” (de aroma confesional, en la que parece que se busca el perdón de la otra parte del contrato amoroso).

Fuera del esquema acústico puro y dócil, Isa / Aries aplica un par de voltios de tensión eléctrica nada dañina a sus composiciones cuando eleva el tono de su discurso, como sucede en “Dilo Mañana” o “El Jardín Armado” (en la que se mezcla la vida de la tierra -representada por los sonidos de algunos animales- y la calma del mar), que contrastan con absoluta naturalidad con la frescura de las marimbas de “Geometría Diferente” y el sentimiento nostálgico de “Mientras Digo Adiós”, tema del que se sirvió Isa (tal y como reconoció en más de una ocasión) para despedirse de Madrid cuando se mudó a Vigo.

No deja de ser un detalle sin importancia; pero, casualmente, servidor reside muy cerca de la ciudad olívica, lo que le ayuda a recrear escenas surrealistas a raíz de este disco: escenas en las que se observa a Isa con la mirada fija en The Beach Boys mientras estos practican sus armonías vocales en plena playa de Samil; en The Byrds y The Zombies respirando el aire de la ría viguesa junto a una vaca en ese punto donde la campiña y la costa se confunden; o en cualquier pequeño colectivo de pop-folk psicodélico sesentero dibujando un arco iris bajo la sombra de los árboles del Monte do Castro. Estampas, todas ellas fantasiosas, fáciles de imaginar una vez que “La Magia Bruta” comienza a entrar con extrema suavidad por los oídos mientras se saborea como un dulce de algodón. Después, como quien no quiere la cosa, logra que se erice el vello del mismo modo que lo haría la seda virgen hasta calar hondo en el corazón con total parsimonia.

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