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Como dirían en el barrio de Badalona donde me crié, Ariel Pink está “toh loco”. Por resumir de forma simple la complejidad de una persona como él y para que todo el mundo lo entienda, aunque soy de la opinión de que dentro de la locura siempre se esconde una gran lucidez. Es precisamente lo que creo que sucede con Ariel Pink: es el “chico raro” porque va a contracorriente, porque arriesga con sus creaciones y porque juega todo lo que quiere con los medios y con cualquier personaje que se le cruce en su camino, como lo hizo hace poco con Grimes (cotilleo rosa en plan Superpop). Utiliza la ironía dentro de sus canciones y fuera de ella y le da absolutamente igual lo que piensen los demás. Yo no diría que está loco, yo diría que es una persona libre.

¿Y quién se puede permitir el lujo de ser libre hoy en día? Sólo unos pocos genios como nuestro amigo. Habrá quien piense que simplemente es una mamarracha que hace cosas tan freaks como ponerse un trozo de pan a modo de orejera para llamar la atención, una auténtica “attention whore”, pero yo creo que no, que él es así, excesivo, surreal, creativo, INCREÍBLE en toda la extensión de la palabra. En fin, una vez aclarada mi opinión de mierda respecto a su genio y figura, procedo a desgranar su nuevo disco, “Pom Pom” (4AD, 2014).

Ariel lleva más de diez años en el mundo de la música, en los que nunca ha abandonado el sonido low-fi aunque haya explorado diversos estilos que van desde el folk, la electrónica, el rock y todo lo que se le ponga por delante y considere interesante. Y, cada vez con mayor frecuencia, sus discos son más raros y más freaks, que es lo que sucede con “Pom Pom“. En este nuevo álbum, Ariel Marcus Rosenberg (su verdadero nombre) explora el imaginario de la ciudad de Los Angeles, en la que reside y en la que ha vivido gran parte de su vida. Asesinatos, bailarinas de lap dance, glamour, violencia, chicas guapas, mundos de plástico y cuentos de amor pueblan sus canciones. “Pom Pom” es un disco surrealista, que se sumerge entre sueños y pesadillas, en la locura del inconsciente, regresa a la infancia y se ríe de su sombra con voz de falsete.

En su tercer álbum para el sello 4AD, Pink ha contado con la colaboración de Kim Fowley, quien escribió algunas canciones como “Plastic Raincoats In The Pig Parade” y “Jell-O” en el momento en el que estaba en el hospital luchando contra un cáncer. “Put Your Number In My Phone” fue el single de adelanto elegido para anunciar la salida del disco, pero también es la canción más tierna del álbum: una melodía con aires 60s a lo Simon & Garfunkel en la que Ariel le pide a una chica que le dé su número de teléfono para que se conozcan mejor. En “Not Enough Violence” y en muchas de las canciones del disco, Pink recuerda a John Maus o a Gary War. “Goth Bomb” suena al rock sucio de Iggy & the Stooges o a cualquier grupo rock de esa época. “Nude Beach a Go-go” recuerda a la música de “Los Picapiedra” mezclada con música surf. “Dinosaurs Carebears” es un delirio en el que parece que alguien esté rezando en una mezquita y tenga una pesadilla. “Sexual Athletics” empieza con un rap soul (si eso existe) y acaba convirtiéndose en una nana que en la parte final se convierte en una alegre canción de los 60. “Black Ballerina” es un cuento sobre una bailarina de topless con un sonido de los 80. “Jell-O” parece un anuncio de la gelatina a la que le dedica la canción… Y estas son sólo algunas de las 17 canciones de “Pom Pom“, un disco que también podría llamarse “1003 1003” si miramos las letras de la portada desde otra perspectiva. ¿Alguien se atreve a llamar a ese número? ¿Se pondrá Ariel Pink?

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