Anatomía de un Escándalo

“Anatomía de un Escándalo” no es una novela que se aproveche del #metoo… Sino que es un thriller apasionante que abre el debate en torno a la pregunta: ¿qué se considera violación?

 

Todo movimiento social nacido en el siglo 21 está llamado a erigirse directamente sobre las estructuras propiciadas por Internet y las redes sociales. Es inevitable. Será por eso que, a día de hoy, más que movimientos tenemos hashtags como, por ejemplo, el #metoo que lleva ya un buen tiempo dinamitando la coyuntura de la sociedad heteropatriarcal y profundamente machista del siglo 21. Este hashtag ha servido para que millares de mujeres lleven hasta la luz todo un conjunto de trapos sucios que, hasta entonces, habían preferido mantener en la sombra. Por si acaso. Por el qué dirán. Porque para qué.

El hashtag #metoo, sin embargo, ha servido para empoderar a todas esas mujeres a la hora de explicar sus propias historias de abuso y agresión sexual, especialmente todos aquellos casos ocurridos en el lugar de trabajo y en los que el hombre ha usado su situación de poder para presionar a la hora de obtener el placer deseado. Curiosamente, el hashtag #metoo no solo ha sido escaparate de historias, sino que sobre todo ha servido para abrir todo un conjunto de debates entre los que destaca la urgencia a la hora de definir dónde están los límites de una agresión sexual.

Es en este marco social en el que “Anatomía de un Escándalo” ha aterrizado para ampliar y avivar el debate del #metoo. Al fin y al cabo, el libro de Sarah Vaughan lleva todas estas cuestiones a juicio. Literalmente. La novela va explicando en diferentes tiempos el juicio que ha de decidir si James Whitehouse, el subsecretario del gobierno británico, ha violado o no a la denunciante, informadora del gabinete con la que anteriormente había tenido un affair. La historia avanza a partir de cuatro voces, una de ellas predominante y, por lo tanto, en primera persona (el resto se abordan en una tercera persona más distante). James es una de las voces, así como su mujer Sophie y Ali, la mejor amiga de la abogada que persigue encarcelar al político.

La abogada y protagonista es Kate, una mujer obsesionada con su trabajo precisamente debido a cierto trauma de juventud que le obligó a no solo a abandonar los estudios en Oxford, sino incluso a reinventarse como una persona totalmente nueva. Una profesional rigurosa e implacable especializada en casos de abuso sexual que, sin embargo, tiene una visión del derecho que bascula entre el realismo y el pesimismo: “La práctica del derecho consiste en ser más persuasivo que tu oponente. Se puede ganar aunque las pruebas estén contra ti, siempre que argumentes mejor. Y todo consiste en ganar, por supuesto“. La misma Kate sabe que ley y justicia no son una misma cosa… Y, aun así, se mete en la camisa de once varas de un juicio ultra mediático contra un alto político del gobierno británico.

Sarah Vaughan

Aquí entran en juego precisamente todos los factores que el #metoo está poniendo del revés a día de hoy. Por un lado, el fantasma de las convenciones sociales del siglo pasado, que siempre han protegido a ciertos predadores sexuales con vidas aparentemente intachables (¿alguien ha mentado el apellido Weinstein?). Vaughn pone todo esto sobre la mesa de la forma más inteligente posible, que no es otra que abriendo la dialéctica entre Kate y su amiga Ali: “-Me imagino a su pobre mujer y su familia… Es padre y marido. Creo que por eso resulta tan difícil de creer. / -Oh, Ali… La mayoría de violadores son conocidos de sus víctimas. No son hombres con cuchillos que se esconden en los callejones”.

Estos predadores son los que, por suerte, ya no están a salvo gracias al #metoo. Los que están aprendiendo que su conducta no es aceptable y que puede tener consecuencias en su aparentemente ídilica existencia. Los que, sin embargo, siguen amparándose en concepciones tan estrepitosamente erróneas como la que alimenta las esperanzas de James de salir indemne del escándalo: “El sexo no acaba con una carrera en estos tiempos, si el tema se cierra rápidamente, claro. La mentira, en cambio, sí. O más bien que te pillen mintiendo“. James Whitehouse es un hombre que ha crecido entre algodones y privilegios, y que desde joven ha creído que podía tomar lo que quisiera cuando quisiera, sin consecuencias. Un hombre que, como Kate, sabe que la ley no tiene nada que ver con la justicia. Pero, mientras que ella usa ese conocimiento para luchar contra ello, él lo usa más bien para que le favorezca.

El transcurrir del caso pone sobre la mesa interesantes cuestiones capaces de arrojar luz sobre ese tema espinoso mencionado más arriba en esta reseña de “Anatomía de un Escándalo“: ¿dónde están los límites a la hora de definir una agresión sexual? Sarah Vaughan lo deja muy claro usando la ley esta vez de forma ejemplar: se considera violación cuando una de las partes fuerza un acto sexual siendo consciente de que la otra parte no quiere consumar este mismo acto. ¿Dijo la víctima “para, aquí no“? ¿Lo decía en serio? ¿Que anteriormente hubiera tenido un affair con James inhabilita la posibilidad de que en ese momento en concreto no quisiera tener sexo con él?

En todas estas preguntas (y en muchas otras) reside precisamente lo magistral de “Anatomía de un Escándalo“: en que siempre se mueve en los claroscuros de la ambigüedad para intentar esclarecerla… Es de agradecer que cada uno de los personajes a través de los que seguimos la trama articulada por Vaughan encarne un punto de vista diferente, casi antitético a alguno de los otros personajes. De esta forma, la militancia de Kate se ve frustantemente aplacada por el endiosamiento de James, mientras que el despertar a la verdad de Sophieeeee corre paralelo al de Ali. Y, aunque partimos del hecho de que James es injustificable (él se percibe a sí mismo con esta unilateralidad y, por lo tanto, el lector le percibe igual de unilateral, aunque en un sentido distinto y mucho más peyorativo), las mujeres de este thriller se destensan en un verdadero espectáculo de pliegues que contienen claroscuros fascinantes.

Yo no he tenido ninguna hija, ni la tendré. Pero la chica que yo era… Aquella estudiante ingenua, idealista, «virginal» que era, tan emocionada con la vida… Es la niña a la que quiero vengar, la niña a la que quiero ayudar“, dice Kate hacia el final de “Anatomía de un Escándalo“. Y en esta esperanza subyace otra esperanza del #metoo: que nunca es tarde y siempre estás a tiempo de buscar, si no venganza, al menos justicia. O, por lo menos, toda la justicia que te permita la ley. [Más información en la web de la editorial Roca]

 

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