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Quién se lo iba a decir a Alt-j cuando publicaron su sorprendente debut, An Awesome Wave (Infectious, 2012): su propuesta, en un primer momento, parecía que se quedaría en un rincón exquisito para alcanzar sólo un reducto de oídos exigentes y esnobistas; pero, al contrario, fue subiendo como la espuma y rompiendo los límites de su teórico radio de acción. A partir del verano de 2012, creció exponencialmente el interés por la banda no sólo por sus virtudes envasadas en su primer disco, sino también por su brillante traslación al directo -aún permanece en la memoria su subyugante intervención en el festival gallego Sinsal San Simón-, que se traducía en conciertos cada vez más poblados y plagados de manos formando el símbolo (∆) de su nombre. El último premio caería a finales de aquella temporada: el prestigioso Mercury Prize al mejor álbum del año en el Reino Unido.

Pero, pese a la fama adquirida y su expansión más allá de la escena alternativa, Alt-j continúan desprendiendo un intenso y enigmático magnetismo, que empieza en su denominación -por mucho que se haya analizado y teorizado sobre ella, todavía se muestra sugerente- y finaliza en su música, envuelta en un halo arty que, más que provocar el rechazo, produce adhesiones. Eso sí, Joe Newman, vocalista y frontman del grupo, siempre se ha encargado de alejarlo de esa etiqueta, tal como confesó en su día a un servidor en una clarificadora entrevista: “No nos describiría como una banda ‘arty’. Sin embargo, haber crecido como estudiante de arte te instruye para reconsiderar el funcionamiento del mundo a través de la expresión creativa en forma de arte de calidad. Esta actitud sobrevuela naturalmente la manera en que percibimos y respondemos a la música, en particular a la música pop”. Este argumento debería servir para zanjar el debate en torno a la identidad y las intenciones de Alt-j y de, paso, certificar su renovadora visión sobre el manido concepto del pop.

Sumados estos elementos, su meteórica progresión y su firme personalidad, no resulta extraña la gran expectación generada alrededor de This Is All Yours (Infectious, 2014), su esperado sophomore, cuyo alumbramiento tuvo visos de gran acontecimiento cuya intensidad aumentaba con cada adelanto. “Hunger Of The Pine”, el single que incluye el conocido sample extraído de “4×4” de Miley Cyrus -lo más cerca que la chica estará en su vida de la música de alta alcurnia- actuó como correa de transmisión entre el viejo y el nuevo repertorio del grupo al tiempo que su mezcla de ingredientes (el citado sample mileyano colocado a modo de estribillo, su desarrollo parsimonioso que explota entre aires épico-lúgubres y coros monásticos y la hechizante voz de Newman) acababa por funcionar a las mil maravillas una vez superado el golpe inicial. El siguiente single, “Left Hand Free” -con su lírica subrepticiamente onanista-, rompió algunos esquemas preestablecidos al enseñar la manera en que Alt-j podían deconstruir el blues-rock introduciéndolo en una pieza de pop uptempo singular que no abandonaba las características estructuras minimalistas del grupo. Y la dual “Every Other Freckle” volvía a poner las cosas en su sitio tirando el anzuelo hacia su predecesora “Breezeblocks”, de la que rescataba sus armonías escalonadas, su acompañamiento coral y su translúcida luminosidad.

Las bondades de “This Is All Yours”, sin embargo, no se acotan sólo en los tres sencillos comentados. Eso sí, hay que tener presente que este LP, una vez absorbido por completo, parece plasmar en su aspecto la resaca de lo vivido por Alt-j con su largo de estreno. Pero esta resaca es agradable, plácida y nada dolorosa -sólo afectó negativamente al bajista y guitarrista Gwil Sainsbury, que decidió marcharse de la formación hace unos meses-, sensaciones que reflejan a la perfección unas composiciones que se esfuerzan en dejar atrás los ecos de “An Awesome Wave” -aunque “Intro” reproduce su arranque entre solemne y desafiante para captar la atención del receptor- en un viaje sonoro perfilado por la tríada “Arrival In Nara”“Nara”“Leaving Nara”, que cose el núcleo del disco con un hilo de sensibilidad aterciopelada y cristalina.

Durante este trayecto emocional y sensorial, se van componiendo impresionistas estampas acústicas repletas de bucolismo pastoral y naturalismo contemplativo en las que las voces de Joe Newman -especialmente- y Gus Unger-Hamilton desempeñan de nuevo un importante papel instrumental reforzado por ritmos impredecibles, percusión llamativa y arreglos electrónicos de poso orgánico. Así, Alt-j reinterpretan con calidez el nu-folk mediante el corta y pega vocal de “Warm Foothills” (en la que se aprecian las voces de Conor Oberst, Sivu y Lianne La Havas) y modelan el (post)pop a su antojo añadiendo capas de texturas, más samples y vientos sintéticos hasta lograr que “The Gospel Of John Hurt” y “Bloodflood pt.II” -segunda parte del tema incluido en “An Awesome Wave”– adquieran un aura catedralicia epatante.

Pasado el factor sorpresa del que Alt-j se aprovecharon en su debut para conquistar sibilinamente a la audiencia, el grupo se decanta en “This Is All Yours” por rebajar la inmediatez y el impacto directo de sus melodías para, sin perder un ápice de su estilo ilustrado, profundo y embriagador, conservar intacto todo su poder de atracción. A veces, el camino más corto para ir de un punto a otro y alcanzar (otra vez) la meta deseada no es precisamente la línea recta.

 

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