Cinco momentos en los que los AirPods de Apple han hecho que me sienta un habitante del futuro

Aquí va un testimonio íntimo y personal de alguien que reconoce que, tras un mes probando los AirPods de Apple, se siente un habitante del futuro.

 

Oye, mira, a lo mejor es que yo soy un facilón para este tipo de cosas, pero tengo que reconocer que, en cuanto Apple anunció sus nuevos AirPods, mi primer pensamiento fue el siguiente: chacho, el futuro ya está aquí. Podría haberos mentido, podría haber dicho que este pensamiento lo tuve después de un tiempo de estar usándolos de forma cotidiana. Pero, no, soy partidario de la transparencia informativa y aquí y ahora tengo que admitir que me bastó aquel anuncio para visualizarme con los AirPods en las orejas y vestido como un personaje secundario de “Tron“, ready for the future, chaval.

Antes de nada, sin embargo, y por si alguien acaba de aterrizar en el 2017 desde el año que se estrenó “Tron” (la original, la buena, es decir: el año 1982), aquí va una pequeña explicación de qué son los Airpods. A ver, lo fácil sería afirmar que son unos auriculares sin cables… Pero, chiquis, en serio, no caigamos ya en esta trampa mortal, porque resulta que el nuevo gadget de Apple es mucho más que eso. Evidentemente, sirven para escuchar música de forma wireless, pero también abre todo un nuevo abanico de posiblidades para interactuar con tu smartphone de maneras inéditas: puedes hablar por teléfono, darle órdenes a Siri para usar determinadas apps… Y, sobre todo, los Airpods te ofrecen la posibilidad de habitar el mundo mientras usas tu smartphone de una forma que nunca hubieras imaginado. Casi como si no lo estuvieras usando.

Así que cada uno piense lo que quiera, que lo que voy a escribir a continuación viene motivado porque soy un facilón o porque soy un visionario, pero lo que está claro es que ya puedo decir con orgullo que he estado probando esta nueva locura durante casi un mes de mi existencia… y que sigo pensando lo mismo. Para probarlo, permitidme que os hable de cinco momentos concretos de este último mes en el que los nuevos AirPods de Apple me han hecho sentir como un habitante del futuro.

 

AirPods

 

1. EN EL GIMNASIO. Esto ya es una movida personal mía… Pero, chiquis, en serio, os lo juro y os lo perjuro: los AirPods han cambiado mi vida en el gimnasio. Y no sólo porque sea una fardada absoluta eso de ir por las instalaciones y ver cómo la gente te observa con detenimiento hasta que se da cuenta de la movida y, entonces, el detenimiento de su mirada transmuta en pura envidia. Hasta ahí, bien. Hasta ahí, lo más. Pero lo mejor de todo no es eso, lo mejor de todo es llegar al gimnasio con los AirPods en las orejas, desvestirse, ponerse la ropa de deporte y salir corriendo sin necesidad de estar enredado en cables. Lo mejor es hacer deporte en las máquinas sin preocuparse de acabar estrangulado con los cables o de que el teléfono salga despedido al dar un tirón inconsciente. Lo mejor es olvidarte de que llevas auriculares porque, a ver, recuerda, lo importante es hacer deporte. Y nada más.

 

2. AL ENCONTRARTE CON ALGUIEN POR LA CALLE. La primera vez que me ocurrió, me quedé literalmente muerto. Iba por la calle escuchando música y, de repente, me encontré con un colega. Como suelo hacer, me quité solo uno de los auriculares para poder hablar con él… Y ¿qué ocurrió? Que la música se detuvo. Tendría que habérmelo imaginado: los AirPods detectan cuándo te los pones en las orejas y se activan solitos. Así que ¿cómo no se iban a detener al quitarte solo uno de ellos? Esto, por cierto, tiene dos consecuencias que son pura #maravilla: para empezar, si la música se detiene no te encuentras con ese típico momento en el que el volumen está alto y realmente no escuchas a la persona con la que te has encontrado (y por lo tanto tienes que quitarte el segundo auricular o sacar el teléfono y para la canción); y, sobre todo, resulta que nadie te cortará nunca más tu temazo favorito justo en el subidón. Porque, en cuanto te pongas el auricular de nuevo, ¡zas!, volverás justo al momento en el que lo dejaste.

AirPods

3. EN TU SOFÁ O EN LA CALLE, EN CASA O EN EL COCHE, DE DÍA O DE NOCHE. Ya lo he dicho más arriba: lo de vestirse y desvestirse en el gimnasio sin dejar de escuchar música (o hablar por teléfono) es una verdadera maravilla. Pero no se acaban ahí las posibilidades de los AirPods. Entre las cosas que he hecho con ellos está cocinar escuchando podcasts e interrumpirlos para coger llamadas, viajar en el metro atestado sin miedo a que el cable se enganche en otra persona, limpiar la casa con una flexibilidad de movimientos cosa mala, hacer llamadas a través de Siri, comprar en el súper sin dar tirones a cables con lo que iba metiendo en el carro, bajar o subir el volumen con un simple comando de voz… Lo jodido una vez te acostumbras a los AirPods es, básicamente, quitártelos e intentar vivir sin ellos. Y eso es así.

 

4. TRABAJAR. Aquí es cuando ya hay que ponerse un poco más serio, pero es que, al fin y al cabo, los AirPods también te abre un mundo de nuevas posibilidades mientras trabajas… Mirad, mi trabajo tiene un amplio componente de coger llamadas de teléfono, y lo cierto es que no tiene precio esto de hacerlo con los AirPods y poder levantarte, ir a por un café o hacer lo que te dé la gana mientras hablas. Además es que, al sincronizar los AirPods con tu iPhone, por ejemplo, ya se sincroniza sin necesidad de mayor mandanga con cualquier otro aparato que tengas asociado a tu cuenta de iCloud, lo que significa que también podrás darle órdenes a tu Macbook (por poner un ejemplo) a través de Siri. Y esto, a la hora de trabajar, sí que puede ser un game changing.

AirPods

5. DARTE CUENTA DE QUE LLEVAS DÍAS Y DÍAS Y DÍAS Y MÁS DÍAS SIN PREOCUPARTE POR LA BATERÍA. Supongo que lo primero que la gente habrá criticado a los AirPods es que, al fin y al cabo, suman una batería más de las que preocuparse cada día. Pero, en serio os lo digo, yo no he tenido esa sensación en ningún momento. Os explico cómo funciona la cosa: los AirPods vienen dentro de una cajita, que es lo que tú cargas. De esta forma, mientras no usas tus auriculares, estos están dentro de su cajita cargándose sin que te des cuenta. Y eso, señoras y señores, elimina todas las preocupaciones por la batería… Bueno, todas menos una. Has de cargar la cajita, sí, aunque yo sólo he tenido que cargarla dos veces en un mes. Casi nada, vamos. [Más información en la web de Apple]

 

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