La resaca del 11 Aniversario de la Sala Razzmatazz fue de las duras: lo que vivimos hasta diciembre del año pasado en el club barcelonés fue una verdadera locura (con momentos para el recuerdo como la primera DFA Night o la noche de los James)… Pero ya estamos recuperados. Y es hora de volver al ruedo. Suerte que nos lo ponen fácil y el primer gran concierto que teníamos marcado este año en el calendario razzmatazziense era el pasado 16 de febrero con algo tan (a priori) suave como Active Child. Aunque, al final, de suave poco.

Pero no adelantemos acontecimientos, ya que la velada se abrió con I Am Dive en versión one man band y en acústico. No es difícil suponer que, en su formato al completo, lo de estos sevillanos tiene mucho que ver con la propuesta de Pat Grossi y compañía. Y aunque en esta ocasión el set se redujo a Esteban Ruiz con su guitarra (y un trancazo gripal de aquí no te menees que, sin embargo, sólo salía a relucir entre canción y canción, manteniendo su voz impecable en cuanto arrancaba cada una de las canciones) y sus pedales, suficiente para conjurar en el aire la magia nocturna de los EPs “Fall” y “Constellations” (Foehn, 2011). Los menos acostumbrados a las excelencias de Mark Kozelek (a quien recordaba poderosamente este formato acústico) bien pudieran pensar que fue una actuación algo monótona, pero lo cierto es que en los bucles musicales y emocionales de I Am Dive está el verdadero sentido de esta banda que va creciendo poco a poco entre los pliegues más cálidos del folk que no hace ascos a las bondades de la elecrónica.

Así las cosas, no fue de extrañar que, cuando salieron al escenario Pat Grossi y sus dos escuderos, la cosa se pudo tildar de “poner del revés” al completo la Sala 3 de Razzmatazz. Arrancaron su actuación con un set formado por percusión (que alternaba la batería tradicional con otra electrónica preñada de percusiones como bombas silenciosas), teclado (y sintes) y una harpa que sorprendería a aquellos que no hayan puesto bien el oído en los entresijos de un “You Are All I See” (Vagrant, 2011) que precisamente brilla por eso: por ampliar las fronteras del revivalismo synth-popero ochentoso por la vía de un instrumento tan sublime como el harpa. Y esto es precisamente lo que brilló en los primeros tres temas de la actuación de Active Child: un primer tramo que casó a la perfección con las atmósferas nocturnas del telonero y que sirvió para poner en situación al público. Superado este tramo, sin embargo, Grossi abandonó el harpa y se dirigió a un segundo deck de teclados y sintes e inició una nueva orgía de promiscuidad instrumental en la que sólo el batería se mantenía fiel a su instrumento mientras que el compañero del cantante a los teclados se iba atreviendo con el bajo en determinados temas. Eso sin contar el instrumento más afilado del lote: la voz del frontman, que algunos encontrarán histriónica pero que en directo reforzó sus cualidades espirituales rozando lo iluminado. Menos “Call Me Tonight” (que hubiera ido un cierre de oro), sonó todo lo que tenía que sonar: “Playing House“, “High Priestess“, “I’m in Your Church at Night” (abriendo un bis glorioso) y tres temazos ensalza-corazones como “Way Too Fast” (donde Grossi provocó escalofríos generalizados en su canción más desnuda), “Shield & Sword” (con el batería brillando especialmente con sus fogonazos rítmicos en forma de metralleta) y, evidentemente, ese single absoluto que es “Hanging On“. Al final, mientras un grupo de chalados que debían haber escapado del concierto de Simple Minds (que tuvo lugar en la sala grande) subían al escenario sin ningún tipo de vergüenza para fotografiarse junto a Grossi y su harpa, el resto nos quedábamos con la sensación de que habíamos presenciado uno de los primeros grandes conciertos del año y, sobre todo, un artista que en futuras referencias va a seguir haciéndole mucha pupita a nuestros corazones.

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