120 Pulsaciones por Minuto

LOS TESTIGOS (2007), de André Techiné. Antes de que se asociara con Céline Schiamma para facturar la inexplicablemente infravalorada “Cuando Tienes 17 Años” (2016), el última gran pico de la carrera siempre irregular de André Techiné fue, sin lugar a dudas, “Los Testigos“. Y es que, en esta película, el director francés supo conjugar a la perfección dos nacimientos paralelos: por un lado, un chico que se abre a su propia homosexualidad durante los 80; por el otro, el sida que empieza a causar estragos en el entorno que ese mismo chico empieza a descubrir. ¿Extraño paralelismo? Ni mucho menos, si tenemos en cuenta los miles de chavales que se encontraron ante el mismo panorama en aquella década.

 

WE WERE HERE (2011), de David Weissman y Bill Weber. No solo de ficción vive el cine a la hora de abordar el sida como temática… Está claro que, tarde o temprano, el documental tenía que abordar la enfermedad para intentar aclarar una historia que no siempre fue tan clara como debería haber sido. El estreno de “We Were Here” armó un buen revuelo tanto en el Festival de Sundance como en el de Berlín, y no era para menos: David Weissman y Bill Weber partían del caso concreto, el de San Francisco, para dar parte de la problemática global. Pero, teniendo en cuenta que San Francisco siempre fue la capital gay mundial, es fácil entender por qué esta “parte” representa de forma tan sublime al “todo”.

 

HOW TO SURVIVE A PLAGUE (2012), de David France. Siguiendo con los documentales, un año después de la aparición de “We Were Here” fue el momento perfecto para que “How To Survive A Plague” entrara directamente a hacer todo el ruido posible… Y es que, al fin y al cabo, la cinta de David France puede que sea el visionado más natural junto a “120 Pulsaciones por Minutos“, ya que trata directamente de la actividad a lo largo de las últimas décadas de las dos asociaciones de luchadores contra el sida por excelencia: Act Up y TAG (Treatment Action Group). Sus métodos no siempre son iguales, pero sus objetivos no podían estar más de acuerdo.

 

DALLAS BUYERS CLUB (2013), de Jean-Marc Vallée.Philadelphia” fue de vital importancia en los 90 para dar visibilidad al sida, pero también fue una de las grandes culpables de que, desde entonces, pareciera que esta enfermedad era algo que solo afectaba a la comunidad gay. A “DalLas Buyers Club“, la adores o la odies (porque, al parecer, no hay posibilidad de posición intermedia), hay que reconocerle el hecho de poner en el tablero de este juego a un personaje real, Ron Woodroof (interpretado por Matthew McConaughey en su habitual clave histriónica), que demostró que también podías contagiarte siendo un mujeriego y un homófobo. El resto del film de Jean-Marc Vallée, por su parte, también resulta valioso al dejar bien claro que los medicamentos contra el sida siempre han sido y serán un negocio que no tiene en cuenta a los enfermos, sino al dinero que se puede generar en torno a ellos.

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