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Chus Lampreave murió el pasado 4 de abril… Y, entre todos los homenajes, uno de los más sentidos ha sido esta carta escrita por Pedro Almodóvar.

 

El pasado lunes 4 de abril, Chus Lampreave moría en una residencia de Almería a los 85 años de edad. Fue una sorpresa porque ya la conocimos interpretando papeles de viejita (si existe el concepto de “el yerno que tus padres querrían”, ¿por qué no habría de ser ella la abuela con la que todos hubiéramos deseado crecer?) y nos habíamos acostumbrado a pensar que sería eterna. No fue así.

Y aunque largos panegíricos podrían ser escritos (y están siendo escritos) aquí y ahora, en Fantastic Plastic Mag nos quedamos con la carta que ayer mismo Pedro Almodóvar publicaba en la web de su productora El Deseo. Tras haberla dirigido en “Entre Tinieblas“, “¿Que Hé Hecho Yo Para Merecer Esto!“, “Matador“, “Mujeres al Borde de una Ataque de Nervios“, “La Flor de mi Secreto“, “Hable con Ella“, “Volver” y “Los Abrazos Rotos“, está claro que Lampreave fue y será una de las Chicas Almodovar más maravillosas en la filmografía del manchego.

Así que, sin más, os dejamos con la carta de Pedro Almodóvar a Chus Lampreave.

 

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Escribo estas líneas a vuela pluma y sin hacerme a la idea de que no volveré a trabajar con Chus Lampreave, que no volveré a verla.

Antes de debutar como director, Chus ya me había fascinado en las dos películas de Marco Ferreri (“El Pisito” y “El Cochecito“), en “Mi Querida Señorita” (de Armiñán) y “La Escopeta Nacional” de Berlanga. Yo soñaba con trabajar con ella si algún día conseguía dirigir una película. La llamé para “Pepi, Luci, Bom…” y muy amablemente me dijo que no se veía. Volví a llamarla dos años después para “Laberinto de Pasiones” y, a pesar de su negativa, seguí llamándola para que interpretara una de las monjas de “Entre Tinieblas“, fue entonces cuando nos conocimos personalmente.

Ante mi insistencia, y la química inmediata que se produjo entre nosotros, Chus aceptó, después de explicarme que no era actriz y que prefería un papel corto. Sobre el guión el suyo no era muy extenso pero se agigantó en el momento que Chus entró en contacto con él. La mitad del personaje está improvisado en el último momento, con pocos actores he sentido tanta reciprocidad y me he divertido tanto. Desde el primer momento sentimos que pertenecíamos a la misma familia. Chus me hacía sentir capaz de todo, tenía la capacidad de convertir cualquier extravagancia mía en algo natural, divertido, sencillo, puro; desbordaba humanidad e inocencia.

Fue la actriz que mejor interpretó los personajes inspirados en mi madre y pertenecía a la estirpe de los grandes actores de reparto, aquellos sin los que el cine español no existiría.

Pedro Almodóvar

 

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