Mercedes Milá sigue opositando para convertirse en la diosa de la gordofobia en España… Pero esta vez, por suerte, Soy Una Pringada la pone en su sitio.

 

A ver, en serio, ¿pero qué mierda le pasa a Mercedes Milá con la gordofobia? Porque, la verdad, su labor como presentadora de ya demasiadas ediciones de “Gran Hermano” dejaron bastante claro que la mujer no se encuentra en su mejor momento intelectual (vamos, que está “más p’allá que p’acá“, como dirían nuestras abuelas)… Pero de ahí a meter la pata como la está metiendo últimamente al convertirse en la mayor ídola de la gordofobia de nuestro país, como que va un buen trecho. Porque, a ver, en un momento en el que el plus-size está en boca de todos y en el que se apuesta por la positividad y la aceptación, ¿qué puto problema tiene la Milá?

Hace unas semanas, la presentadora ya dio el gran campanazo cuando, durante el programa “Chester in Love” de Risto Mejide, un bioquímico intentó explicarle la poca base científica que tiene uno de los libros de cabecera de esta, “La Enzima Prodigiosa“, y ella, arrinconada, no tuvo mejor salida que responderle “Adelgaza, porque estás gordo“. Cualquier otro ser humano, hubiera reflexionado y hubiera llegado a la conclusión de que la gordofobia no es el camino a seguir… Pero Mercedes Milá no. Mercedes Milá quería liarla más gorda todavía. Nunca mejor dicho.

Mercedes Milá con Soy Una Pringada

Y, para ello, ¿qué mejor que invitar a alguien como Soy Una Pringada a su programa “Convénzeme“? Bueno, invitarla y soltarle lo siguiente: “Yo el otro día le dije a un tío en la tele que estaba gordo, porque él me criticó el libro de “La Enzima Prodigiosa” y yo le dije que lo que tenía que hacer era leerse el libro y adelgazar, que estaba muy gordo y corría peligro. Y me han puesto a parir… Pero tú ¿de siempre fuiste como eres? ¿Eras gordita desde pequeña?“. Manda cojones.

Lo bueno en este caso es que Esty Quesada (que este es el verdadero nombre de Soy Una Pringada) pone a la Milá en su sitio al abordar el tema de la forma más natural posible y soltarle perlas como “No me afecta que me digan ‘puta gorda’. Ya es como si me dijeran ‘buenos días’“, “Acepto que siempre habrá gente gilipollas que te va a insultar” o “No puedo educar a todo el mundo, así que simplemente paso y ya está“. En serio, si después de esto Mercedes Milá no reflexiona y empieza a cambiar un poco su postura tan beligerantemente gordófoba, lo mejor será empezar a boicotearla directamente. O algo. Lo que sea.

 

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