En el mundillo de los gintoniqueros aficionados, saber un poco de la historia de 1724 siempre te da empaque y te ayuda a deslumbrar a los recién llegados. El nombre de esta tónica viene del hecho de que, a diferencia de la mayor parte de sus competidoras, su principal componente es la quinina recolectada a mano en uno de los antiguos caminos del Inca, en Perú, específicamente a 1.724 metros de altura sobre el nivel del mar (que es, por cierto, su altura de recolección óptima). Lo que viene a significar que, mientras que el resto de tónicas optan por la quinina asiática, la 1724 imprime a su ADN todo un rizoma latino a través de esta quinina ancestral. Y eso, al fin y al cabo, se nota, ya que la quinina latina es menos amarga que la asiática… Con todas las posibilidades que eso implica a la hora de mezclarlo con la infinita variedad de ginebras Premium del mercado.

Ahora, además, la tónica 1724 ha lavado completamente su imagen: en el pasado Gin Show (celebrado en el Hotel Silken Puerta de América) se presentó el nuevo botellín de 1724, con un diseño mucho más estilizado y con una base cónica orientada al interior de forma muy similar a la que se utiliza en las botellas de champagne y cava. La referencia no es gratuita, ya que uno de los rasgos más característicos de esta tónica es precisamente su elegante carbonatación que recuerda a los vinos espumosos más sofisticados y que con la nueva botella se preserva de forma todavía más óptima. En la redacción de FPM ya estamos explorando cómo serán nuestros gin tonics del viernes por la tarde: ¿1724 con qué?

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