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Libros como “Historia Abreviada de la Literatura Portátil“, “Suicidios Ejemplares“, “Hijos Sin Hijos“, “Bartleby y Compañía“, “El Mal de Montano” “Dietario Voluble“, “Dublinesca” o “Aire de Dylan“; ensayos como “El Viento Ligero en Parma“, “Perder Teorías” o “El Arte de no Terminar Nada“… La bibliografía de Enrique Vila-Matas le precede y hace totalmente innecesaria cualquier tipo de presentación: si hay un autor española que, a día de hoy, esté rozando la excelencia máxima, que tenga un espacio reservado en la historia de la literatura no sólo de nuestro país, sino también internacional, ese es Vila-Matas. Así que no es de extrañar que cada nuevo lanzamiento de este escritor se convierta en una celebración que hay que festejar como se festejan los buenos libros: con un cortejo ávido que tiene como objetivo principal asimilar por completo el objeto del deseo cuanto antes mejor.

En esta ocasión, “Kassel No Invita a la Lógica” (publicado, como todos los últimos trabajos de este autor, por Seix Barral) vuelve a partir de uno de esos juegos metaliterarios a los que tan aficionado es Vila-Matas: la novela aborda la participación de un escritor en la Documenta de Kassel. El protagonista es un escritor que, un buen día, recibe una llamada de una misteriosa voz femenina que le dice que los McGuffin quieren invitarlo a cenar para explicarle la solución última al misterio del universo. Pronto, el escritor descubrirá que la invitación consiste en convertirse en una instalación artística viviente en un restaurante chino de las afueras de la feria de arte, donde deberá pasarse todas las mañanas escribiendo. Las tardes las empleará en deambular por Kassel… Mañanas y tardes, sin embargo, se juntarán en una visión positivista y optimista del acto artístico. Y, señores y señoras, es de agradecer que alguien opte por el positivismo y el optimismo en estos días, ¿verdad?

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