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Henri Michaux plasmó su fascinación por los fenómenos poltergeist en “Una Vía Para La Insubordinación”, publicado ahora en nuestro país por Alpha Decay.

 

Si algo se puede decir de Henri Michaux, quien siempre -tanto en su arte como en su vida- se resistió a toda definición y encasillamiento, es que fue un voyageur. Un viajero físico, espiritual y artístico en todas sus formas. Exploró mediante su excepcional sensibilidad los bosques de símbolos de la poesía, los lineares mares de la prosa y los infinitos cielos de la pintura; se perdió entre las selvas de América Latina y las montañas del Oriente; viajó de la mano de los alucinógenos y la mescalina por la infinitud de su mundo interior.

Quizás fue justo gracias a estos viajes psicotrópicos que Michaux desarrolló un particular interés y una atenta sensibilidad hacia el mundo esotérico y los fenómenos sobrenaturales, interés del que nace en 1980 su escrito “Una Vía Para La Insubordinación“. Editado y publicado por primera vez ahora en lengua española por Alpha Decay, el ensayo plasma los encuentros de Henri Michaux con lo invisible y sus obsesiones por lo esotérico, investigando de manera seria y documentada sobre el fenómeno poltergeist, es decir todo aquello que no puede ser explicado sin la intervención de un ente sobrenatural: un demonio, un fantasma, a veces incluso un ángel… La levitación, el trance místico, la misteriosa resurrección de los muertos, los objetos que aparecen en un lugar diferente del que estaban, las casas encantadas: todo son manifetaciones de lo que Henri Michaux llama “una vía directa del psiquismo a las cosas“, la “física de la insubordinación y de la horripilación“.

Pese a estar escrito con una precisa rigurosidad y documentación histórica, este ensayo está bien lejos de ser una simple recopilación de sucesos paranormales. El excelente estilo literario de Michaux y su condición de artista dan pie al escritor a tratar los fenómenos sobrenaturales, la posesión y los estados de conciencia alterados como una de las bellas artes, a la manera de Thomas De Quincey o de Baudelaire en sus “Paraísos Artificiales“. Traducido por Alex Gibert y Jordi Terré, el volumen se completa con un prólogo firmado por Javier Calvo en el que se ofrece otra dimensión, casi pop, de los fenómenos poltergeist.

Sin duda, un libro esencial para todo aquel que sienta la misma fascinación que Michaux por todo lo que, desafiando todas y cada una de las leyes de la física, nunca podría haber ocurrido y que sin embargo ocurrió. Pero Henri Michaux también dejó para la posteridad un libro de suma importancia para la teoría artística, puesto que correlaciona y funde el arte con los fenómenos sobrenaturales y con las experiencias suprasensibles.

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