"Humanz" de Gorillaz

Puede que “”Humanz” funcione un poco como un greatest hits… Pero, venga, en serio, ¿a quién no le chifla un buen greatest hits? Y más si viene firmado por Gorillaz.

 

HUMANZ / Gorillaz. Gorillaz son y siempre han sido un producto de su tiempo… Y, evidentemente, si esos tiempos cambian, ellos también. En el 2001, “Gorillaz” (Virgin, 2001) fue una especie de bofetada en la cara del brit pop (y del indie en general) tan ensimismado en la fascinante visión de su propio ombligo: huía del concepto de banda (cantante, guitarra, bajo, batería) de la misma forma que huía de la cultura de la fama al “esconder” a sus integrantes detrás de todo un conjunto de personajes animados. A la vez, Gorillaz abría una brecha narrativa dentro de la música popular: los discos podían contar historias como si de una película de ciencia ficción se tratara. Y no solo podían explicarlas, sino que podían (y debían) apasionar con ellas.

A partir de ese momento, el propio concepto de Gorillaz se fue haciendo cada vez más oscuro a medida que el mundo se iba haciendo cada vez más sombrío. Su último disco hasta la fecha, el excelente “Plastic Beach” (EMI, 2010), narraba la huida de los miembros de Gorillaz de una especie de isla / República Bananera paramilitarizada… Y no hace falta que ahonde en la metáfora de huida en un momento como 2010, verdad, justo cuando la crisis nos estaba azotando de la forma más virulenta, ¿verdad?

Considerando “Plastic Beach” como la opera magna de Gorillaz, ¿qué debíamos esperar de “Humanz” (Warner, 2017) en pleno año 2017? Debíamos esperar lo que los de Damon Albarn acaban de entregar: una pequeña gran oda a la dispersión, al déficit de atención, al “cada canción es una isla” igual que “cada hombre es una isla”. De entrada, es imposible no echar de menos a los Gorillaz uber-narrativos y peliculeros… Pero, ojo, porque esta forma de estructurar un disco como un greatest hits en el que un temazo nada tiene que ver con el que le viene detrás o el que le viene delante está muy en sintonía con la generación del shuffle en Spotify y de saltar de video de YouTube a video de YouTube cada 20 segundos, sin dar tregua al aburrimiento.

Humanz” practica la cultura del shock y no te deja respirar de principio a fin. Todas las canciones están concebidas como hits, ya sea en un género u otro… Aunque es cierto que hay cortes que son más hits que otros. Cada uno tendrá sus preferidas, pero yo me quedo con la espídica y vertiginosa “Ascension” de Vince Staples,  el rollito Disclosure de “Strobelite” junto a Percival Everett, la sugerente “Submission” de Kelela y Danny Brown, la sensual “Sex Murder Party” con Jamie Principle y Zebra Katz y una preciosa “Busted and Blue” en la que Albarn no necesita invitado alguno para encogerte el corazoncito. ¿Abruma la cantidad de colaboraciones? Un poco. Pero, en la estela de lo que ha bordado siempre esta banda, todas las canciones consiguen ser El Gran Show del Featuring a la vez que suenan 100% Gorillaz.

Esta estructura de greatest hits a los que ya se les ha extirpado la coartada narrativa, sin embargo, y por muchos temazos que contenga, obliga a pensar que, si de adaptarse a los tiempos se trata, ¿no sería mejor que Gorillaz no volvieran a estar siete años en silencio y que, por el contrario, se dedicaran única y exclusivamente a lanzar singles cada ciertos meses? Cada single, un evento. Y, así, hasta el infinito y más allá en compañía de Damon Albarn.

Más información en la web de Gorillaz. Escucha “Humanzen Apple Music y en Spotify.

 

 

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