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Hace un año, la editorial Automática publicaba “Delhi No Está Lejos“, una de las novelas más celebradas de Ruskin Bond, y nos dejaba a la vez contentos y algo preocupados: contentos porque tener entre nosotros a uno de los autores más importantes de la literatura india del último siglo era algo que nos contentaba de una forma totalmente sincera, pero preocupados por la posibilidad de que esto fuera una estrella fugaz de esas que aparecen en el panorama literario y desaparecen del rollo “si te he visto no me acuerdo“. Deberíamos haber sabido que los chicos de Automática no se toman este tipo de cosas a la ligera…

Y la prueba es que estos días aterriza entre nosotros “Un Cuarto en la Azotea“, un debut literario sobre el que Bond volcó la punzante melancolía que, viviendo en Londres, sentía de su India natal (a la que pronto volvería para no volver a salir de allá nunca más). La novela, con la que el autor ganó el John Llewellyn Prize en 1957, narra el florecimiento a la vida del adolescente Rusty (alter ego del escritor): un chico que siempre ha vivido en una sociedad indie de formas europes y que, a través de Somi, se adentrará en la verdadera India. Un nuevo mundo donde la precariedad económica es inversamente proporcional a las explosiones de sensaciones y colores. Una Indie lejos del cliché que hace de “Un Cuarto en la Azotea” un libro delicioso e imprescindible a partes iguales.

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